La economía funciona en gran medida gracias al transporte de mercancías. Sin este tipo de transporte, las materias primas no llegarían a las fábricas, los productos no estarían en los centros de distribución y los pedidos nunca llegarían a su destino. El transporte de mercancías es esencial para la economía y el día a día. Una actividad insustituible y necesaria para el comercio. Aunque implica algo más que llevar productos de un lado a otro, como el consumo de combustible y las emisiones que produce, el uso de infraestructuras y la generación de un impacto ambiental que hace que las empresas se planteen cómo incorporar un transporte más sostenible en su operativa sin que la capacidad de respuesta se vea mermada ni se pierda rentabilidad o puntualidad.
La respuesta no se encuentra únicamente en la sustitución de los vehículos por otros más ecológicos. Implica hacer una revisión de la planificación de las rutas, la ocupación de las cargas, el mantenimiento de la flota, la conducción y el uso de la tecnología. Dentro del ámbito de la logística y el transporte, avanzar hacia un modelo de negocio más sostenible conlleva transportar las mercancías necesarias haciendo un uso de los recursos disponibles con mayor eficiencia, con la finalidad de reducir el impacto medioambiental en cada operación realizada, manteniendo un servicio de calidad, fiable y adaptado a las necesidades de cada cliente.
Se entiende el transporte sostenible como el modelo de movilidad que ha sido diseñado para reducir los efectos del mismo sobre el medio ambiente y la sociedad, sin que sea necesario dejar de dar respuesta a las necesidades económicas y operativas de las empresas y los consumidores. Aplicado al transporte, el concepto busca la disminución de las emisiones contaminantes, del consumo energético y del uso ineficiente de los vehículos o medios de transporte y de las infraestructuras.
La sostenibilidad no es solo pasarse a lo eléctrico
La sostenibilidad en el transporte de mercancías persigue al mismo tiempo mejorar la seguridad, aprovechar mejor los recursos y crear cadenas de suministro que se mantengan en el tiempo. El transporte representa una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea, por lo que se plantea la reducción del noventa por ciento de las mismas asociadas al transporte de aquí a mediados de siglo. Dentro de este contexto, las empresas dedicadas al transporte, como nos cuentan en Star Cargo, con más de veinticinco años de experiencia en el sector, comprometidas con sus clientes y ofreciendo un servicio de calidad en transporte, han convertido la sostenibilidad en un factor asociado a la eficiencia, la competitividad, el cumplimiento de la normativa y la capacidad de respuesta ante los clientes. Una de las ideas que más se han extendido cuando se habla de transporte sostenible es asociarlo a los vehículos eléctricos o que utilizan combustibles alternativos. La transformación de las flotas es parte importante del proceso, pero el concepto tiene un alcance mayor, ya que existen otros métodos de transporte como el aéreo, el ferroviario y el marítimo, además del terrestre.
Un vehículo con una tecnología más limpia puede generar un impacto innecesario si circula con poca carga, hace recorridos mal planificados o pasa demasiado tiempo detenido debido a una mala organización. Del mismo modo que una flota convencional puede mejorar su desempeño ambiental si las rutas se optimizan, se sigue un mantenimiento riguroso y se hace un uso eficiente de su capacidad.
La sostenibilidad se tiene que analizar desde una perspectiva integral; no es suficiente con señalar el tipo de combustible utilizado. Es necesario estudiar los kilómetros que se recorren, la mercancía transportada, la duración del trayecto y el consumo que produce cada entrega que se realiza.
Comprender qué es el transporte sostenible es lo que hace posible identificar la relación directa que existe entre la sostenibilidad y la eficiencia operativa. En muchas ocasiones, las acciones que reducen el impacto sobre el medio ambiente ayudan a controlar los costes y mejorar el servicio ofrecido.
Una ruta bien planificada disminuye los kilómetros recorridos y el consumo de combustible. Una carga que está bien organizada permite que el espacio se aproveche al máximo y se reduzcan los desplazamientos necesarios. Un vehículo que se mantiene como es debido consume menos energía, es más fiable y sufre menos averías.
El transporte sostenible permite a las empresas anticiparse a un mercado de transformación. Los clientes solicitan cada vez más información sobre la procedencia de los productos que adquieren, las condiciones de distribución y las medidas que las empresas adoptan para que se reduzca su huella ambiental. Disponer de los datos más fiables sobre la operativa facilita la toma de decisiones y permite que se puedan comunicar los avances llevados a cabo con transparencia.
Aplicar la sostenibilidad al transporte
Sabemos qué es eso del transporte sostenible, al menos en esencia, y ahora vamos a adentrarnos en la aplicación del transporte sostenible dentro del transporte de mercancías y la logística, que empieza su aplicación práctica al trasladar el concepto a la actividad diaria. Lo primero que hay que hacer es recopilar información. Es imprescindible conocer el consumo de los vehículos, los kilómetros que realizan cada día, los tiempos de espera, el porcentaje de ocupación y la frecuencia de los recorridos que se realizan en vacío. Sin estos datos, identificar las deficiencias es más complicado. La clave reside en el diseño de cambios realistas que se pueden integrar en la actividad diaria sin que la calidad del servicio se vea afectada.
La planificación de las rutas y la reducción de los kilómetros innecesarios son uno de los pilares sobre los que se rige el transporte sostenible. Un recorrido eficiente tiene que considerar la distancia, el tráfico, los horarios de entrega, las restricciones de acceso, las características de la mercancía y la capacidad de la que dispone el vehículo. Las herramientas digitales disponibles hacen posible que se analicen estas variables y se ajusten los trayectos en el caso de que se produzcan incidencias. De manera que es posible evitar desvíos, reducir los tiempos de espera y asignar cada envío al vehículo más adecuado.
Resulta igualmente esencial disminuir los kilómetros que se hacen en vacío. Cuando el vehículo retorna sin mercancía, sigue consumiendo combustible y produciendo emisiones sin que la capacidad de carga se aproveche convenientemente. Una buena coordinación entre las entregas, las recogidas y el retorno resuelve o minimiza este problema.
Aprovechar la capacidad de carga consolidando las mercancías es lo que permite que se agrupen varios envíos compatibles y que se aproveche el espacio al máximo. Esta estrategia se tiene que llevar a cabo respetando los plazos de entrega, las condiciones de conservación y las propiedades de cada carga. Una ocupación eficiente del espacio de carga reduce el número de desplazamientos y mejora la rentabilidad de la operación. Requiere coordinación, previsión de la demanda y visibilidad sobre el estado de los pedidos.
Esta tarea se ve facilitada gracias a la tecnología que proporciona la información necesaria de forma actualizada sobre los volúmenes, los destinos, los horarios y la disponibilidad de los vehículos. Estos datos permiten a los responsables de la logística tomar mejores decisiones, más precisas y evitar los movimientos innecesarios.
Otro aspecto que influye en el consumo, las emisiones y la seguridad es el estado en el que se encuentran los vehículos. Una flota moderna puede contar con motores más eficientes, sistemas de asistencia a la conducción y tecnologías más avanzadas que permiten monitorizar el comportamiento de cada vehículo.
El mantenimiento preventivo sigue siendo igual de importante: la presión de los neumáticos, el estado del motor, la aerodinámica y el correcto funcionamiento de los componentes del vehículo pueden afectar directamente a su consumo. Detectar a tiempo las anomalías que se puedan producir evita averías, reduce interrupciones y prolonga la vida útil de la flota.
No puede faltar una buena conducción. El comportamiento de la persona que lleva el vehículo puede modificar el consumo. Una conducción eficiente mantiene un ritmo estable, se anticipa a las condiciones de la vía y utiliza de forma correcta los sistemas del vehículo. Para que la mejora sea constante, la formación se puede complementar con sistemas de seguimiento que analicen los indicadores de conducción, datos que deben utilizarse como herramienta para detectar posibles mejoras y reconocer las buenas prácticas, además de ser un mecanismo de control.
Por último, citaremos la tecnología, la trazabilidad y la medición de emisiones, ya que el transporte sostenible implica entender que lo que no se mide no se puede gestionar. Los sistemas de monitorización permiten que se sepa en todo momento la posición de los vehículos, los tiempos de conducción, el consumo y las incidencias que se producen durante el trayecto. Esta trazabilidad mejora la conducción con el cliente y facilita la reorganización de las operaciones en caso de imprevisto.
Comprender todo lo que supone el transporte sostenible constituye el primer paso para que la cadena de suministro se transforme y se vuelva igualmente sostenible. La sostenibilidad se integra con la tecnología y la eficiencia de manera que se pueden ofrecer soluciones de transporte adaptadas a las necesidades reales de cada empresa y momento. La finalidad es hacer un transporte de mercancías inteligente y con respeto por las personas y el entorno.